Antonio Elorza

 elorzabn

Eclipse de la democracia

Tanto en el caso de la Roma clásica como en las ciudades-república de la Italia medieval, el factor que provocó la degeneración de las instituciones republicanas fue la conversión de magistraturas sometidas a límites temporales muy estrictos en magistraturas ejercidas indefinidamente, incluso de modo vitalicio. El armazón institucional permanecía; su contenido pasaba a ser un poder personal. No es casual que fuera la extensión de la “dictadura”, en principio semestral, por Sila y por César, lo que diera lugar tanto al cambio semántico como a la naturaleza de los nuevos regímenes centrados en el ejercicio individual del poder. El tránsito de las repúblicas urbanas a las señorías en el siglo XIII, con la entrada en escena del signore permanente, en otro marco histórico, reproduce la deriva autoritaria.

Porque ese señor permanente, aun cuando subsistan las instituciones democráticas, dispondrá de los medios para someter el funcionamiento de las mismas a su voluntad, desfigurándolas. Es lo que convierte en extremadamente peligroso el resultado del referéndum ganado por Hugo Chávez. Sus turiferarios recuerdan que las futuras elecciones siguen ahí y que él se ha impuesto en un proceso democrático. Pero eso significa olvidar que el episodio se sitúa en el marco de un proyecto de poder personal archiproclamado por el propio líder venezolano, una revolución “socialista” ya confirmada a su juicio hasta el año 2019, y que parte de la formulación torticera creada para eliminar el precedente resultado desfavorable del referéndum de 2007. Es decir, si un resultado no le conviene a Chávez, se repetirá la consulta hasta que gane y se estreche cada vez más el cerco a la libertad. Curioso respeto a la democracia.

El caos de su política económica no le preocupa. Le basta con declarar la bondad del proyecto populista radical, personificado en él y ennoblecido con la etiqueta de socialismo, y con denostar y aplastar progresivamente a los opositores. El gorila ilustrado que nos describe Enrique Krauze en El poder y el delirio exhibe aquí esa primera condición. Sabe que mientras se sostenga la política asistencial en vigor, y domine en los medios, podrá seguir adelante hasta la eliminación del pluralismo. Conviene recordar que la construcción del totalitarismo fascista no fue en su primer modelo, el italiano, el resultado de un vuelco súbito sino el resultado de un largo proceso de eliminación de libertades e instituciones representativas que, según Emilio Gentile, llega a los años 30. Chávez sigue esa vía hacia su encuentro con el papel soñado de nuevo Fidel Castro que ahora guía a todo un continente.

La cuestión es entonces qué hacer desde planteamientos democráticos cuando la democracia es arruinada de modo irreversible. Pensaba en ello cuando esta misma semana presenté la primera edición española por B. Pendás del clásico de la oposición al poder despótico, el Vyndiciae contra tyrannos: el ejercicio del derecho de resistencia recupera su necesidad.

Hace unos años, el último residuo dictatorial era el castrismo. Ahora su precaria supervivencia resulta garantizada por la tutela chavista, y se perfilan otras sombras, además justificadas por el carácter oligárquico de los regímenes democráticos que parecieron asentarse en el último cuarto del siglo XX. Si hoy Evo Morales, con su nueva Constitución, parte en dos la nación boliviana haciéndola recaer sobre la mayoría indígena y marginando a los criollos, vistos como herederos de la opresión colonial, hasta su llegada al Gobierno y durante dos siglos la jerarquía de poder fue la inversa. En otras circunstancias, la exigencia de cambio resultaba asimismo bien explicable en Ecuador. Pero eso no exime del riesgo de autoritarismo que también despunta en Nicaragua, con Daniel Ortega en busca de su perpetuación como presidente, conjugando el fraude electoral (municipales de 2008), las políticas asistenciales y la persecución del aborto.

Frente a las conmociones externas, Javier Pradera habló alguna vez de “la Europa-balneario”. Desde el ángulo de la democracia, eso parecía gracias a las transformaciones políticas del último cuarto del novecientos: caída de las dictaduras en la Europa del sur, desplome del totalitarismo comunista. Las expectativas favorables empezaron a nublarse con el nuevo autoritarismo de Putin, otro que busca perpetuarse. Ahora el riesgo de un eclipse de la democracia reaparece en Italia. La resistible ascensión de Silvio Berlusconi ha culminado en una situación radicalmente nueva: la perversión del sistema democrático por su subordinación a una trama de poder que destruye el espíritu de las instituciones, consagra la corrupción hecha Gobierno y sume en la impotencia a la oposición. Todo ello logrado merced a la hegemonía del poder de los medios controlados por un líder, atento sólo al dominio del mercado político y carente de escrúpulos. En el trágico episodio de la muerte de Eluana, no le importó al ateo Berlusconi aliarse con el clericalismo vaticano. Sólo el fallecimiento de la joven evitó que de paso lograra la autorización para gobernar a voluntad con decretos-leyes saltándose el Parlamento con la excusa de la urgencia. Dejó claro que en Italia, por encima de su pésima gestión económica, el poder es todo suyo. Las elecciones en Cerdeña le han dado la razón y consagrado el hundimiento de la izquierda. Las formas democráticas perviven.

El País. 27/02/2009.

Una respuesta para “Antonio Elorza”

  1. Pelayo Molinero Gete Dice:

    Tema para debate
    Madrid, Castilla y León, Castilla La Mancha:
    ¿Una sola Comunidad Autónoma?
    (Primera parte)
    Pelayo Molinero Gete
    PUBLICADO EN LA REVISTA REPUBLICANA DE COSLADA
    La Constitución de 1978 abrió el camino a la formación de las comunidades autónomas que hoy día conocemos. Sin embargo, la formación de algunas de estas comunidades fue – y lo podemos decir ahora que ha pasado tiempo- casi una improvisación que se produjo al calor de una fiebre parroquial en la que picamos con excesiva ingenuidad y alegría mucha gente de izquierdas. Tenemos que reconocerlo. Como la democracia debe de ser la posibilidad de no dar nunca por cerrado un asunto con tal de que los ciudadanos tengan la última palabra, algunos republicanos, entre los que yo me encuentro, creemos que no estaría mal repensar un poco las cosas y corregir algunos desmanes, sobre todo, con el fin de racionalizar un poco este asunto y tratar de ahorrar al ciudadano impuestos innecesarios debido a la multiplicación de poderes innecesarios que no crean nada más que conflictos entre comunidades que no tienen diferencias culturales ni históricas que las hagan estar separadas y bajo gobiernos distintos. Veamos.
    Históricamente, las tres comunidades que se mencionan en el título de este artículo, han formado parte de la llamada Corona de Castilla, junto a algunas más que no viene ahora al caso mencionar. Tiempo habrá. El caso es que para muchos castellanos del norte, del centro y del sur, Madrid ha sido para lo bueno y para lo malo el punto de referencia económico, histórico y geográfico -en algunos casos, hay que subrayarlo porque merece la pena, hasta el símbolo del cosmopolitismo, del antiprovincialismo y del progresismo -ver la II República: en medio de una Castilla agrícola y rural en el peor sentido de la palabra, es decir, en el de una Castilla encomendada a la autoridad eclesiástica de turno, o a las fuerzas vivas de la localidad Madrid es el símbolo de resistencia frente al fascismo. Lo queramos reconocer o no, para uno de Segovia, Ávila, Guadalajara, Ciudad Real, Zamora o Toledo, durante mucho tiempo, la ciudad de referencia ha sido Madrid. Pero esto no tenía que haber significado que Madrid tuviera que convertirse en ser la parte que se segrega de ese todo, que se separa de ese entorno, sino la parte que integra, el polo de atracción, el estímulo de progreso y de innovación que en todos los sentidos necesitaba una Castilla que al norte y al sur de Madrid se está convirtiendo en un desierto de población, mientras la capital y su área metropolitana se están transformando en un mónstruo cada vez más indigesto, por muchas M-40, 50 o 60 que se quiera construir; en un feudo de políticos al estilo Esperanza Aguirre que no tienen límite en sus proyectos maximalistas con tal de hacer de Madrid la rival española de una Barcelona catalana, olvidando que en este caso Barcelona es el referente de una región mucho mayor (Cataluña), mientras que Madrid como entidad autónoma – que es lo que aquí se debate- solo tiene 30 años de historia y nunca ha sido una región, sino una parte más, ya sea de la entelequia antes llamada Castilla La Nueva o si se va más atrás de una Castilla mucho más extensa y con mucha más historia, para lo bueno y para lo malo, algo que los castellanos deben asumir.
    ¿Qué sentido tiene en convertir Getafe, Leganés, Alcalá de Henares, Fuenlabrada o Móstoles en ciudades de 300 mil habitantes cuando al cruzar Somosierra nos encontramos con una Castilla y León despoblada? Madrid necesita de Castilla y León y esta necesita de Madrid. Y lo mismo cabe decir de Castilla La Mancha. Unir a estas tres comunidades en una sola cuyo nombre no puede ser otro que Castilla –como lo son Aragón o Cataluña- sería hacer justicia a la historia y reconocer de una vez sin complejos que ese es el entronque natural de Madrid con su pasado, para lo bueno, para lo malo y para lo regular.
    Planificar una Comunidad de esta magnitud significaría abrir Madrid a un espacio de expansión natural en el que el suelo, por poner un ejemplo, tendría otro sentido. Sería concebir un espacio del centro peninsular mucho más integrado en lo industrial, las comunicaciones, los servicios, la agricultura, el medio ambiente, el turismo, la educación. Sería abrir un espacio nuevo de repoblación castellana para madrileños que están convirtiendo las regiones limítrofes en patios de recreo veraniegos llenos de adosados en pueblos cuyo centro histórico se está quedando vacío debido a una falta total de planificación, a una disputa entre caciques llamados presidentes de comunidades autónomas que no ven más allá del mapa de su señorío feudal, como si el mundo se fuera encogiendo entre unos límites artificiales inventados hace 30 años para dar café para todos. No hay nada más que ver algunas televisiones locales y autonómicas para comprobar a diario lo más rancio de una historia que se pretende de toda España, que no paran de mirarse el ombligo y hacer de sus tradiciones provincianas un referente cada día más paleto y parroquial como su seña de identidad, perdiendo de vista el horizonte mucho más amplio de su historia, para lo bueno y lo malo, tenemos que volver a repetir, relegando la autocrítica del pasado para terminar enalteciendo a cualquier personaje que pasaba por allí y que en cualquier circunstancia normal estaría en el olvido.
    Posiblemente, concebir una comunidad –Castilla- que integrara a estas tres, con un gobierno regional capaz de no perder de vista el juego que podría darse a un espacio tan amplio bien planificado, un espacio que abarcara desde Pancorbo a Despeñaperros o desde los Arribes del Duero a los Montes Universales, sería uno de los aspectos más innovadores, más prometedores y más motivadores, a la vez que desafiantes, para varias generaciones, que transcendería el localismo a que está llevando el actual estado raquítico de las 17 autonomías -17 como podrían ser 18 o 20 si el caciquismo provincial hubiera ido aún más lejos, como a punto estuvo de ocurrir en Segovia, Burgos o León-; comunidades que no terminan de disputarse los criterios de financiación como si fueran reinos medievales empeñados en marcarse diferencias artificiales entre comunidades que no las tienen, como es el caso de las tres que aquí comentamos, acudiendo periódicamente a la Moncloa a mendigar unos milloncejos basados en criterios que terminarán por hacer más monstruosas algunas ciudades y más desérticas algunas provincias de las que aquí comentamos.
    Sería hacer viable una televisión pública para 11 millones de habitantes, con la economía más pujante de España; sería romper con el centralismo españolista y nacionalista que se ha ido consolidando en Madrid en los últimos años al calor de una derecha que ha terminado por hacer de la capital de España un referente desintegrador bajo la excusa de un españolismo trasnochado sin asumir para lo bueno y para lo malo que Madrid, antes que nada, fue parte de una región –Castilla, que terminó su andadura precisamente cuando Madrid acaparó el único prestigio que le quedaba a una monarquía absolutista cuyo periplo final ha sido el estado de confusión actual en que ha degenerado una autonomía artificial desgajada de su historia castellana-. Sería recuperar y abrir la mente a espacios más abiertos y a posibilidades menos parroquiales; requeriría unos dirigentes políticos que miraran más allá de sus narices y entroncaría con una historia más universalista que la que hemos visto en los últimos años, quitando poder a dirigentes que han visto en su autonomía casi un feudo, porque, posiblemente, una comunidad tan extensa y pujante como la que se formaría con estas características dejaría abiertas las puertas a comunidades vecinas que posiblemente terminarían por integrarse, como es el caso de La Rioja, Cantabria u otras. Esto racionalizaría un poco el estado actual autonómico y su financiación, supondría más ahorro a los ciudadanos y, sobre todo, daría un carácter más homogéneo a una parte del estado que no tiene ninguna razón en estar bajo tres gobiernos regionales diferentes.
    Debatir estas posibilidades entraría de lleno en la viabilidad de un centro peninsular que ahora mismo está totalmente desequilibrado por el mónstruo de población y el modelo de desarrollo que se ha elegido para Madrid. Una región integrada por Castilla y León, Castilla La Mancha y Madrid, sí que haría viable un reparto más racional de recursos, espacios naturales, población, presupuestos, y, sobre todo, reequlibraría ante el resto de las comunidades más punteras como Cataluña y País Vasco los criterios de financiación, pues el dinamismo de Madrid como capital del estado volcaría su actividad en las regiones limítrofes necesitadas de capital humano, sin las disputas entre sus presidentes por ver quien se lleva el gato al agua en cuanto hay una posibilidad de inversión en sus reinos de taifas. La crisis económica también debe servir como elemento dinamizador para ahorrar recursos y presupuestos que se van en gobiernos innecesarios.
    Pelayo Molinero Gete
    4 de febrero de 2009


Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.